domingo, 2 de abril de 2017

GLORIA FUERTES, COMPLETA

Sospecho que Gloria Fuertes se agachaba para hablar con los niños, con el fin de decirles las cosas de tú a tú, mirarlos a los ojos y recibir su cariño. Un cariño que la llenaría de orgullo, ¿cómo no? A los adultos, sin embargo, debía de mirarlos de frente para bombardearles las entrañas sin paños calientes. Leyendo ahora sus poemas, descubro que cuando dialoga con nosotros en cada verso, dialoga, sobre todo, consigo misma, con su corazón malherido. Adentrarme en sus poemas es conectar con una persona que, de forma aparentemente sencilla, dice verdades inmensas que se clavan como puñales en mi cuerpo. Emoción pura. Confieso con pudor que la conocía poco y que ayer -al visitar la exposición sobre su vida y su obra, que conmemora el centenario de su nacimiento- la reconocí mucho. Por eso, tengo ya un libro suyo sobre la mesilla, abierto de par en par, deleitándome, desesperándome. El libro de una persona que escribía para personas de 0 a 99 años, como ella misma decía. Todos estamos en esa franja y así es la LITERATURA, nada compartimentada.

domingo, 5 de marzo de 2017

EL LIBRO MÁS VENDIDO DE LA TEMPORADA

Dicen que es el libro más vendido de la temporada y muchos también que el de mayor calidad. Lo estoy leyendo y no voy a opinar sobre su argumento. La literatura es contenido y continente, y aquí me interesa hablar de la forma, mucho más que de la historia. En las críticas previas que había leído, esas que en parte me llevaron a decantarme por su lectura, algunos críticos sesudos elogiaban precisamente lo que a mí -que aún creo en la importancia de las normas de la gramática- no deja de sorprenderme a cada frase. Los críticos hablaban de un estilo “fresco”, “coloquial” que aproximaba el texto a los lectores. Y también decían que era una novela “meditada”, construida con paciencia. Bueno… Está claro que cada lector interpreta a su manera y ve las cosas a su modo. Mientras leo, pienso que el autor debió reflexionar mucho antes de ponerse ante la hoja en blanco, estoy segura de ello porque la trama del libro es intrincada y muchos son los personajes. Pero también creo que, una vez que se puso a escribir, lo hizo a borbotones, con urgencia y que, igual que no se ajustó al orden cronológico de los hechos, tampoco se molestó en detenerse a releer para pulir un estilo que hace aguas por todas partes. ¿Hablamos del punto de vista, de la importancia de elegir la voz narrativa? Es algo que aparece en los primeros capítulos de cualquier manual de redacción que se precie, el tema central de cientos de talleres literarios. Todos recordamos el ejemplo de “Otra vuelta de tuerca”, de Henry James. Allí estaba claro quién escribía la historia, la institutriz, y solo veía lo que ella veía -o creía ver-. Lícito es hoy en día, cómo no, que haya capítulos en boca de un personaje y capítulos en boca de otro. También que siga existiendo un narrador clásico, omnisciente, que tenga toda la información y cuente la historia desde su “trono preferente”. Y, por supuesto, todos ellos pueden convivir dentro de una misma nóvela. ¿A capítulos? Claro. ¿A párrafos? Puede. Pero ¿en una misma frase? Pues bien, “Patria”, de Fernando Aramburu, está plagado de frases que comienzan en tercera y terminan en primera. Y viceversa. ¿Un hallazgo? Para mí no lo es. Como no lo es que el autor haya olvidado -a veces, pero no siempre: y, por tanto, es un olvido- que el castellano tiene la inmensa suerte de contar con guiones, que indican diálogos, y con comillas, que indican pensamientos. O que los puntos suspensivos existen precisamente para mostrar que una frase queda inacabada después de un “que” o de una preposición. Pero no, en este libro se pone un punto al final, ya sea frase acabada o inacabada, y santas pascuas. ¿Este libro ha tenido un editor al uso? ¿Ha tenido este libro un corrector? Ay, me huele que no. La novela ha sido publicada por una editorial, que durante años fue por libre y contó con un prestigio bien ganado, y que hoy en día vive bajo el paraguas del mayor emporio editorial de este país. Pues eso. Por cierto, esta mañana he empezado con gran curiosidad una novela, publicada por Planeta, que promete tensión y suspense. Desde luego, la obra tiene un comienzo impactante y estoy segura de que tendrá muchos lectores porque su autor, guionista y director de cine también, sabe crear adicción. Pero, ay, en la primera página se repite tres veces el mismo error gramatical -tres, sí-: “deber” sin preposición “de” con significado de posibilidad y no de obligatoriedad. Y algunas páginas después, me ha saltado a los ojos un “se escuchó”, así en impersonal, que me ha escocido. Vamos a ver, ya tendría que estar acostumbrada porque últimamente lo veo en todo lo que leo, pero no, no me acostumbro. Escuchar es “prestar atención a lo que se oye” y, por tanto, es imposible emplearlo en impersonal. Cuando un ruido te sorprende y no lo esperabas, no puedes escucharlo sino oírlo. Es así. Por tanto, repito, ¿dónde estaba el corrector también en esta ocasión? Sensación de pena por lo que pudo ser y no es. Así me quedo en ambos casos.