lunes, 22 de julio de 2024

                 DRAGT Y SCHAMI, DOS ESPINAS CLAVADAS


    Con unos días de retraso, me entero del fallecimiento de Tonke Dragt, la escritora neerlandesa cuyas obras siempre leí con mucho respeto y admiración. Y eso me lleva a pensar las múltiples alegrías y también decepciones que conlleva el oficio de editora, que ejercí durante más de veinte años. Está claro -por lo menos para mí- que la parte mejor de ser editora es encontrar, gracias a la lectura, originales maravillosos que de tu mano acaben siendo publicados. A veces, se trata de primeros escritos de autores que, a base de años, paso a paso, con trabajo y perseverancia, van consolidando toda una obra. Pero en ocasiones solo existe una primera gran novela y, aun con la cierta amargura de lo que pudo ser y no fue, sabes que tu contribución ayuda a difundirla. Eso no es poco. 

    ¿Y cuáles son las decepciones? Esperar de ciertos autores algo que no te dan? Sin duda... Pero, sobre todo, tener un libro hermosísimo en las manos, todo un tesoro, y que por un motivo u otro -y hay tantos: no descubrirlo a tiempo; no apostar lo suficiente; no saber conquistar al editor extranjero, al agente, al propio escritor...; ser incapaz de "vender"  tus puntos fuertes con la suficiente fiabilidad, etc.-, este termine publicado en una editorial de la competencia, igual o mejor que "la tuya". Y eso me sucedió con varios libros juveniles de Tonke Dragt, y también con algunos del escritor sirio-alemán Rafik Schami. Aunque de este último pude resarcirme publicando una pequeña joya para niños titulada "¡No es un papagayo!", que yo misma traduje del alemán, claro que a estas alturas, me temo que ya está descatalogada. Pero eso es otro cantar. En fin... si desean leer libros de ambos autores, consulten el catálogo de Siruela, por favor. Verán qué originalidad, qué enorme fantasía despliegan.     


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