miércoles, 14 de abril de 2010

UN DÍA VOLVERÉ

Ayer estuve comiendo con unas amigas, compañeras editoras. Hablamos de Bolonia. Hablar de Bolonia significa hablar de la Feria de Bolonia, la Feria del Libro infantil y Juvenil, por supuesto. Bolonia cansa, es verdad, pero también es cierto que Bolonia inyecta sangre nueva en las venas: vida. Y es verdad que la echo de menos. ¿Por qué será que casi ningún editor habla con cariño, con nostalgia de Frankfurt -de la Feria del Libro de Frankfurt- y, sin embargo, todos lo hacen de Bolonia? La feria de los libros para niños, en la que está presente todo lo que se hace en el sector editorial a nivel mundial; la feria de la ilustración por excelencia. Libros, libros, libros, autores, ilustradores, editores, traductores, libros, libros, libros. Sólo la resiste quien ama los libros, pero llega un punto que también ése acaba agotado, exhausto y sin ver absolutamente nada por los pasillos y pasillos y pasillos. Para eso están los panini, los espressi y los cappuccini, para hacer un relax entre citas y citas, y para seguir conversando de libros con los amigos con los que nos entrecruzamos: gente que te habla de cómo andan las cosas en México, en Nueva York, en Alemania o en Suecia, gente amiga, gente del libro. Pero, Bolonia no es sólo feria ni acumulación de personas en autobuses que escupen editores a la puerta del recinto ferial, y a lo mejor por eso es por lo que Bolonia y Frankfurt no son iguales... Bolonia es paseos por las calles sinuosas del casco antiguo, soportales, toldos rojos, fiestas de copa de vino y canapé en palazzi llenos de affreschi monumentales. Bolonia son las torres, lluvia bajo el paraguas, cielos grises o de un azul luminoso, indistintamente; el cúmulo de iglesias y capillas de Santo Stefano, la fuente de Neptuno y San Petronio, alguna vuelta -¡para ver más libros!- por Feltrinelli y Gianino Stoppani, los mercados de frutas y verduras, y la pasta, los mil restaurantes, los gelati, la grappa y los amaretti, ¡cómo no!
Sí, Bolonia, lo sabes, te echo de menos. Pero no te preocupes, sé que un día volveré. Sin embargo, no me esperes. Cuando lo haga, quiero cogerte desprevenida, darte una sorpresa. Te lo mereces. Y yo también. Supongo.

3 comentarios:

  1. precioso final..no me esperes Marinella, quiero cogerte desprevenida.

    A.G.

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  2. Qué bonito Marinella, ojalá que nos volvamos a ver por allí!

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