sábado, 7 de abril de 2012

Largo recorrido | El Tiramilla

Los escritores tenemos que ser personas pacientes. No nos queda otra. Cuando empezamos un libro, no sabemos siquiera si lo acabaremos, si nos gustará, si lo enviaremos a una editorial, si les gustará, si lo publicarán y, de ser así, ¿cuándo? Miles de incógnitas antes de comenzar una nueva aventura. De todo esto trata mi nuevo artículo publicado en El Tiramilla: La carpeta de cartulina naranja, sobre la que pone en bolígrafo negro “Falsa naturaleza muerta”, está todavía en la bandeja de mi escritorio. Dentro, papeles con notas escritas a mano y muchos recortes de periódicos y revistas, el más antiguo de 2003. También, folletos de exposiciones y salas de subastas. Las primeras veinte páginas de la novela nacieron después, en 2005 creo. Luego, un largo paréntesis, hasta que en julio de 2010 retomé el proyecto. Escribí convulsivamente durante todo el verano. En un archivo del ordenador tengo todavía el documento donde guardo varios artículos sobre la Guerra Civil y, claro, en la librería del despacho continúan los libros de pintura que tantas veces consulté. Sin embargo, soy incapaz de recordar cuándo nació la primera idea, y por qué… y dónde estaba yo en aquel momento. ¿Cómo nace un libro? En muchos de los encuentros en colegios a los que asisto hay una pregunta recurrente: “¿Cuánto tardaste en escribir esta novela?” A esa suelo saber contestar, recuerdo los dos años de alguna y los ocho meses de otra. Sé que “Falsa naturaleza muerta” me llevó cuatro meses, muy poco tiempo para lo que soy yo. Sin contar la primera corrección, ni la segunda, ni la tercera a que después la he sometido. Pero la primera semilla nace siempre mucho antes y de esa casi nadie se acuerda. En este caso y, si me atengo al contenido de la carpeta naranja, fue por lo menos en el 2003. Han pasado nueve años. Vivía en otra casa, mi madre no había muerto, tenía un trabajo que creía estable… Tantas cosas diferentes, tantas cosas nuevas. Y el libro, pese a todo, gracias a todo, iba construyéndose paso a paso. Tras corregirlo, y corregirlo, y corregirlo una vez más, mandé la novela a un premio que no ganó. Y luego pasó un año largo hasta que recibí un sí alentador y luminoso de la editorial. Hasta ese momento, inseguridades, dudas, deseos, esperas, esperas, ilusión y decepción, todo a un tiempo. Y ahora estoy en ese punto en el que, después de nueve años de perseverancia, de paciencia, de alegría y de renuncia, ando a un paso de tener el libro entre mis manos, ese libro que observaré con extrañeza, al que no sé si reconoceré del todo, un libro que volveré a leer para emocionarme a veces, y enfadarme en otros casos, y que luego colocaré en mi estantería blanca, junto a sus hermanos. Una novedad que para mí ya es una vieja conocida porque convivo con ella desde hace nueve años. Un libro que, desde el instante que lo tenga, dejará de ser mío para ser de sus lectores. Y ojalá sean muchos. Y ojalá lo disfruten. Yo estoy ya metida de lleno en otro proyecto… Viene de atrás, y todavía anda en pañales. Veremos si logra abrirse camino, primero en mi mesa de trabajo, luego en la del editor, y al fin en las de los demás. ¿Cuántos años pasarán esta vez?

sábado, 17 de marzo de 2012

ESTRENO ELECTRÓNICO






Por fin llega mi puesta de largo en el mundo electrónico. Y con un libro al que siempre he tenido mucho cariño. Se trata de "De Gabriel a Gabriel", mi novela juvenil más intimista. Un libro que, desgraciadamente, ya no podía encontrarse en las librerías y que, gracias a la editorial Kattigara, revive de nuevo. Todo aquel que quiera descargarse la novela, puede hacerlo por el módico precio de 4 euros. Aquí tenéis el enlace: http://www.kattigara.com/, la cubierta y el resumen:


Gabriel se ha pasado la vida diciendo "Mañana será otro día", sin enfrentarse a las cosas. Cuando vio la película "Lo que el viento se llevó", casi se cae de espaldas. Allí estaba él, pero disfrazado de Escarlata O´Hara, diciendo a cada rato "Mañana será otro día. Hoy no puedo pensar, ya lo decidiré mañana. Mañana será otro día. Pero no, no siempre hay un mañana, no siempre hay una segunda oportunidad. Su padre se ha marchado y é no puede rebobinar la película para decirle un montón de cosas que se le han quedado en el tintero... ¿O sí?






miércoles, 7 de marzo de 2012

NUEVA NOVELA



Por fin puedo ponerle cara a mi nueva novela juvenil. Aquí tenéis la cubierta de "Falsa naturaleza muerta", que acaba de salir. Y aquí el resumen de la contraportada: "El día de su cumpleaños, Ingrid recibe de sus padres un regalo muy especial, el diario de su bisabuela, una mujer avanzada para su época que tuvo la suerte d casarse con un pintor de éxito. Pero ¿fue una suerte? Ingrid no lo sabe a ciencia cierta porque las cosas no son nunca tan sencillas como parecen. Y menos claro lo tiene tras ver "Falsa naturaleza muerta", un cuadro de su bisabuelo. El óleo, sin duda alguna, esconde un secreto, ¿podrá descubrirlo? Jacobo, cómo no, le ayudará a desvelarlo."

viernes, 3 de febrero de 2012

NUEVA COLABORACION EN EL TIRAMILLA

Si queréis leer mi nueva colaboración en El Tiramilla, revista digital especializada en LIJ, aquí va el enlace: http://eltiramilla.com/una-vida-en-diez-volumenes/ Habla de la serie "Marijuli y Gil Abad Investigaciones", de Fernando Lalana y José María Almárcegui. Una colección que me siento orgullosísima de haber publicado en su día, y que ahora ve de nuevo la luz gracias a la editorial cántabra Kattigara, que la comercializa tanto en papel como en formato digital.

viernes, 6 de enero de 2012

CUENTO DE NAVIDAD

Todos los reyes de mi vida han venido siempre con un libro bajo el brazo, por lo menos uno. Los reyes son sabios, tienen años de experiencia a sus espaldas, poseen unas mentes científicas... No podría ser de otra manera. Los reyes, esos señores ecuánimes, que están de vuelta de todo porque lo han visto todo, que no se alteran ante nada a pesar del trabajo ímprobo que les supone cruzar el mundo en una noche y cumplir con los husos horarios de todo el orbe, saben lo divertido -y lo necesario- que es jugar y por eso reparten juguetes que alimentan el espíritu y la imaginación, y contagian sonrisas, sí. Y es verdad que, a pesar de ser tan ancianos, no se asustan de los cambios y se dejan asesorar por sus consejeros especialistas en el área digital; por eso no olvidan tampoco cumplir los deseos tecnológicos de las misivas. Y, aunque ellos continúen vestidos a la antigua usanza, igual que aquel día ya lejano en el que fueron a visitar al niño al portal de Belén -que ya se sabe que unos señores tan sesudos no pueden ser víctimas de la moda-, sí están al tanto de que a los niños y a los jóvenes les pueden la publicidad y las marcas. Por eso, muchas veces, pasan por el aro y regalan también lo que está a la última, qué remedio. Pero su corazoncito de Reyes Magos camina por otro lado. Por eso, lo que no falta jamás, junto a la chimenea, al lado de los zapatos o en el sofá del salón, es ese objeto mágico que encierra maravillas... Ese prisma cuadrangular no muy grande, aparentemente discreto, que al abrirlo descubre una historia, consigue emociones, apaga tristezas, provoca, evoca, desboca... EL LIBRO. Ese objeto grande, grandioso porque es distinto cada vez y para cada cual. Esa caja que tan solo hay que saber abrir en el momento adecuado y que les devuelve a su infancia venturosa allá en Oriente cuando el mundo entero estaba guarecido en el jardín de palacio, y a cada paso había que descubrirlo a golpe de machete; la aventura de su juventud, buscar el camino de las estrellas que marcaría su destino, enamorarse, viajar, sufrir, caer y volver a incorporarse, y también el futuro al alcance de la mano... eso -casi nada- es el libro para ellos. Y para todos nosotros, los que recibimos su legado cada seis de enero.

domingo, 11 de diciembre de 2011

RENOVARSE O MORIR

Hace unos días leí que en algunas editoriales de Estados Unidos está creciendo la práctica de publicar preferentemente libros cuyos autores tengan más de siete mil amigos en facebook. No sé si es una broma o una estrategia real, en cualquier caso me da mucho miedo. Si es una broma porque puede convertirse en realidad en cualquier momento, y si es realidad porque puede llegar aquí en menos que canta un gallo. Es decir, la valoración del libro pasa por que el autor tenga posibilidades de promocionarse por él mismo, por que pueda "venderse" entre sus amigos lo más posible. Ay de aquel que escriba buenos libros pero sea un ser solitario... Le espera en la literatura un futuro bien negro. Pero ¿no eran las editoriales las que se encargaban de la promoción? Pero ¿no era escribir el cometido principal del escritor? Ya no. Al autor se le exige en muchos casos que sus tareas abarquen cometidos de editores y libreros. El escritor escribe, sí, pero también promociona en las redes sociales, va de viaje, hace presentaciones, firma todo lo que pueda... E, incluso, cada vez más, tiene la posibilidad de autoeditarse. Bueno, pues ahí están las editoriales, buscando nuevos caminos. Y las librerías, con ninguna venta institucional que les permita respirar, y tratando de subsistir por otras vías, las de la promoción también: presentaciones, cuentacuentos, talleres literarios, hasta cafés y restaurantes. Y ahí están los escritores arañando tiempo de sus giras para poder ponerse ante el ordenador y escribir algo nuevo. Y, encima, teniendo que disculparse casi ante los lectores por "tener la osadía" de pretender cobrar por su trabajo. El sector del libro se tambalea a todas luces. Está en crisis. Pero de una crisis se puede salir renovado. Que así sea. Es mi primer deseo para el año que está a punto de comenzar.

domingo, 20 de noviembre de 2011

TRANSFORMACIONES




Durante mi adolescencia odiaba -como casi todos- a casi todos los profes de mi colegio. Salvo a la de Literatura. Probablemente me gusta la literatura porque ella me enseñó a leer interpretando, no de una forma mecánica, y me enseñó también que hay muchas más cosas aparte de nombres de autores y títulos de libros. Tampoco odiaba al profesor de Manualidades: un alemán simpático, divertido, guapo, que nos gustaba mucho -sobre todo, a las chicas- y que en invierno llevaba un abrigo de piel de oso. En definitiva, alguien diferente, un ser carismático...


Estoy hablando de hace muchos años, pero un resto de la imagen de ese profe se quedó en mi mente, como los posos del café se quedan en la taza, y también su abrigo de piel de oso.


Tiempo después conocí a alguien que tenía el don de la palabra. Hay seres así, todos conocemos alguno. Da gusto escucharlos. Saben reírse cuando hay que reírse y hablar en serio cuando hay que hablar en serio. Él me contagió el gusto por muchos libros y me hizo leer a Marguerite Yourcenar, a Mishima y a Kavafis... Me habló de Pasolini y me acompañó a ver algunas de sus películas. Es cierto que escondía más de un secreto, pero eso entonces le hacía todavía más interesante a mis ojos... Su actitud, su manera de andar por la vida, dejó huella en mí y su impronta, grabada en mi cerebro, hace compañía al profe de Manualidades y a la de Literatura.




La frase gancho de mi novela "Llámalo X" -así llaman en las editoriales a esa frase publicitaria que aparece en la cubierta de algunos libros- dice "Los vínculos verdaderos no se rompen así como así". Es también la última frase de esta historia y no por casualidad.


¿Somos como somos, así, sin más? ¿Todo es producto de nuestros genes? Nuestros gustos, nuestras aficiones ¿han nacidos por sí mismas? Probablemente todos recordamos a alguien que en nuestra adolescencia, en nuestra juventud, nos hizo mirar la vida de otra manera...


En "Llámalo X" estas tres personas, gracias a la varita mágica de la literatura, se transformaron en un solo personaje: David, un profesor especial, carismático y que esconde un secreto. A través de la relación que establece con él, Carla, la protagonista, cambia y comienza a sentir curiosidad por las cosas. Una serie de intereses de índole cultural despiertan en ella. David es un revulsivo para la joven, la hace crecer y le obliga a hacerse preguntas. Nada nuevo por otra parte, la rueda sigue girando. Ah, y en este Madrid cada vez menos frío el abrigo de piel de oso adoptó la forma de un sombrero panamá. Solo eso. En los libros -y en la vida- los objetos son importantes y ese sombrero camufla mucho más que una calvicie, esa es la verdad.