Durante la carrera tuve un profesor -Martín Vivaldi se llamaba- que nos obligaba a releer varias veces todos los textos que redactábamos. La corrección, la sencillez, el orden de la frase eran imprescindibles para nuestro futuro trabajo: el periodismo. A él tengo que agradecerle mi preocupación constante por la pulcritud; por tratar de transmitir a los lectores, sin posibilidad de equívocos, exactamente lo que deseo contar. ¿La forma de lograrlo del profesor Martín Vivaldi? Leía nuestros artículos en clase, en voz alta y delante de todos, y los comentaba frase por frase. Los criticaba constructiva y también, a veces, destructivamente. Y lo cierto es que en ocasiones podía llegar a ser muy cruel. Pero aprendimos a no contentarnos con la primera versión, ni con la segunda, ni con la tercera. Y aprendimos una cosa más: aprendimos a titular. Por lo menos la teoría: un título atractivo, un título corto, un título que sintetice lo que se cuenta...
Para los libros la teoría no es del todo igual, pero se le parece mucho. ¿Un título atractivo? Por supuesto. ¿Un título corto? No necesariamente. De hecho, ya hace unos años que están de moda los títulos largos -como "El curioso incidente del perro a medianoche", por ejemplo-. ¿Un título que sintetice lo que se cuenta? Más bien, un título que se ajuste a lo contado pero que no desvele demasiado.
Será por Martín Vivaldi o porque lo llevo en los genes, el caso es que la búsqueda del título de mis libros es algo que siempre me ha preocupado mucho porque, junto con la imagen y el diseño de la cubierta, al título se debe en gran medida que se lea o no la obra. Hay veces que el título nace aun antes de que esté escrita la novela. Se aposenta en la cabeza del escritor y a este no le queda otra opción que tirar para adelante y ponerse a escribir si no quiere tener un hermoso título para guardar en el cajón de los proyectos inacabados. En mi caso, que recuerde, esto me ocurrió una vez. Cacé al vuelo el título de boca de una mujer en la Feria del Libro y empecé a escribir una historia, de la que no sabía nada de antemano... Pero al final, con la obra terminada, cambié el título de cabo a rabo. Curioso. En otras ocasiones, el título viene dado por el propio texto. Estás escribiendo y, de pronto, unas palabras se apoderan de ti, saltan a tus ojos y te dicen con absoluta clarividencia: "Somos nosotras. Estamos aquí para que no nos olvides jamás. Nosotras titularemos esta novela". Cuando sucede esto, eres feliz de verdad. Probablemente porque te has quitado un gran peso de encima. Así me ocurrió con mi primer libro "Un problema con patas". Un texto que aparece muy al principio, en el primer capítulo, me abrió la puerta, me dio la clave del tesoro.
Pero, por desgracia, no suele suceder así. En muchas ocasiones, el autor ha terminado el libro y no tiene título todavía. Y a veces utiliza uno como mal menor, sin estar convencido de su idoneidad.
¿A qué viene todo esto? Pues a que estamos a 30 de diciembre y parece que la norma no escrita es tratar de cerrar una buena parte de los cabos sueltos del año. Estoy con una nueva novela y no tengo ni idea de qué titulo ponerle. ¿El resultado será un mal menor o me hará sentirme satisfecha? Veremos.
domingo, 30 de diciembre de 2012
domingo, 4 de noviembre de 2012
¡QUÉ ALEGRÍA, NUEVO LIBRO!
De nuevo la alegría de sacar un libro más y tenerlo casi, casi al alcance de la mano. En este caso, más acrecentada todavía por el hecho de que el libro sale en Colombia y, de momento, solo podemos ver su portada "virtualmente". Pero pronto llegarán los ejemplares: y los palparé, y los releeré, y trataré de ponerme en la piel de esos niños colombianos que podrán leerlo. ¿Les gustará? ¿Comprenderán lo que hay más allá de sus frases? Ojalá consiga de algún modo tener un feedback, saber lo que piensan... Me encantaría verles las caras, hablar con ellos de "tú a tú". Si pudiera hacer encuentros con ellos... Sería genial.
De momento, para vosotros, aquí va la cubierta y un pequeño resumen del argumento:
El circo Flamingo atraviesa problemas económicos, los caballistas quieren trasladarse a otro circo mayor, Silvio el payaso cojea de un pie, han desaparecido la agenda de Míster Tamburini y el sombrero del mago Ramiro, los equilibristas Paco y Paca están raros, y Vandhana solo piensa en bailar… ¿Cómo van a poder arreglar Curro y Flor tantas desgracias?
En realidad, el Flamingo, formado por personas de todas las nacionalidades, que solo piensan en su propio beneficio, es un reflejo de la sociedad actual. Pero la magia -¿o la vida?- se conjura para que juntos, ayudándose unos a otros, siempre con una sonrisa en la boca, los artistas logren salir de la crisis. Integración, solidaridad y optimismo son las palabras mágicas.
De momento, para vosotros, aquí va la cubierta y un pequeño resumen del argumento:
El circo Flamingo atraviesa problemas económicos, los caballistas quieren trasladarse a otro circo mayor, Silvio el payaso cojea de un pie, han desaparecido la agenda de Míster Tamburini y el sombrero del mago Ramiro, los equilibristas Paco y Paca están raros, y Vandhana solo piensa en bailar… ¿Cómo van a poder arreglar Curro y Flor tantas desgracias?
En realidad, el Flamingo, formado por personas de todas las nacionalidades, que solo piensan en su propio beneficio, es un reflejo de la sociedad actual. Pero la magia -¿o la vida?- se conjura para que juntos, ayudándose unos a otros, siempre con una sonrisa en la boca, los artistas logren salir de la crisis. Integración, solidaridad y optimismo son las palabras mágicas.
domingo, 14 de octubre de 2012
QUERIDOS LECTORES...
Por un problema informático que se me escapa, hemos pasado una temporada sin que pudierais escribir vuestros comentarios en el blog... Creo que el asunto ya está subsanado -no me preguntéis cómo-, así que comentad cuanto queráis... Me encanta que participéis activamente. Saludos cariñosísimos a todos.
lunes, 8 de octubre de 2012
¿FRONTERAS DE LA LITERATURA JUVENIL?
Siguiendo con el tema del Congreso de Verines "Fronteras de la Literatura Juvenil", en el artículo "Los libros de Lahoz", publicado en la revista digital El Tiramilla, me permito "analizar" la obra de este autor que escribe indistintamente para jóvenes y para adultos. ¿Lo hace de la misma manera?
http://eltiramilla.com/los-libros-de-lahoz/
http://eltiramilla.com/los-libros-de-lahoz/
domingo, 23 de septiembre de 2012
CONGRESO DE VERINES (segunda parte)
Lo prometido es deuda, así que aquí estoy, a la vuelta de Verines. Antes que nada, debo decir que se ha tratado de un congreso muy interesante, intenso de verdad, estupendamente organizado, en un marco de ensueño y con comida para dar y tomar. Y, ¿con conclusiones? Imposible, no hay conclusiones que sacar -y creo que esto es bueno- porque en los que se refiere a la Literatura Juvenil la mayor parte de los asistentes vivimos en la duda constante (y tal vez eso sea ya una conclusión en sí misma).
Los organizadores invitaron a autores y especialistas de distintas generaciones y eso, a mi modo de ver, enriqueció el debate, aunque en más de una ocasión provocó el asombro e incluso un cierto sabor agridulce en algunos de los escritores más renombrados y con más años de oficio a sus espaldas. Se llegó a hablar de "fractura generacional" porque algunos ven al escritor como la persona preocupada por la creación, la búsqueda de las palabras justas y la literatura en sí misma, por encima de todo; y otros le añaden a esa premisa fundamental de su trabajo la búsqueda de herramientas para lograr la visibilidad, la promoción, la interacción constante con el lector, y, por tanto, la necesidad de estar a la última en cuanto a las nuevas tecnologías y las redes sociales.
El título era FRONTERAS DE LA LITERATURA JUVENIL, y se debatió largo y tendido si existen estas fronteras en relación a la literatura de adultos... Algunos hablaron de que en literatura juvenil se tiene más en cuenta al destinatario del libro, otros de que la forma se moldea más al gusto de los jóvenes. Hubo variosque incidieron en el problema de la censura y, peor aún, de la autocensura. Pero casi todos coincidieron en que con una buena novela juvenil puede disfrutar cualquier lector adulto. Y eso llevó a hablar en abundancia de los crossover, esos libros que trascienden las fronteras de lo juvenil a lo adulto. Las mesas de novedades están llenas de ellos, pero ¿por qué resulta casi imposible que una novedad que se publica en una colección de las llamadas de "prescripción" aparezca en esa mesa de novedades y tenga que quedarse camuflada en el lineal? De ahí se pasó a hablar de la necesidad de cruzar la barrera de la invisibilidad a la visibilidad de la LIJ y al famoso ¿para cuándo una sección de LIJ en los periódicos?
Por último, diez flashes -por riguroso orden alfabético- que invitan a la reflexión:
* "Estar en tierra de nadie..." (Victoria Álvarez)
* "Aportar razón y corazón." (Eliacer Cansino)
* "Necesidad de abrir brechas y transgredir" (Maite Carranza)
* "Rutas del alma en los libros" (Xabier P. Docampo)
* "Literatura juvenil, la más sin fronteras de la literatura" (Victoria Fernández)
* "En las librerías La literatura juvenil debería estar con la sección de adultos, no con la de infantil" (David Lozano)
* "Es necesario diversificarse." (Gemma Lienas)
* "Hacer pensar y cambiar" (Jordi Sierra i Fabra)
* "Libros de literatura juvenil, ¿los que leen los jóvenes o los que les mandan leer? (Lorenzo A. Soto)
* "Género híbrido y errático." (Antonio Ventura)
Repito, pueden leerse todas las ponencias en www.mcu.es/libro/MC/EncVerines/index.html
Los organizadores invitaron a autores y especialistas de distintas generaciones y eso, a mi modo de ver, enriqueció el debate, aunque en más de una ocasión provocó el asombro e incluso un cierto sabor agridulce en algunos de los escritores más renombrados y con más años de oficio a sus espaldas. Se llegó a hablar de "fractura generacional" porque algunos ven al escritor como la persona preocupada por la creación, la búsqueda de las palabras justas y la literatura en sí misma, por encima de todo; y otros le añaden a esa premisa fundamental de su trabajo la búsqueda de herramientas para lograr la visibilidad, la promoción, la interacción constante con el lector, y, por tanto, la necesidad de estar a la última en cuanto a las nuevas tecnologías y las redes sociales.
El título era FRONTERAS DE LA LITERATURA JUVENIL, y se debatió largo y tendido si existen estas fronteras en relación a la literatura de adultos... Algunos hablaron de que en literatura juvenil se tiene más en cuenta al destinatario del libro, otros de que la forma se moldea más al gusto de los jóvenes. Hubo variosque incidieron en el problema de la censura y, peor aún, de la autocensura. Pero casi todos coincidieron en que con una buena novela juvenil puede disfrutar cualquier lector adulto. Y eso llevó a hablar en abundancia de los crossover, esos libros que trascienden las fronteras de lo juvenil a lo adulto. Las mesas de novedades están llenas de ellos, pero ¿por qué resulta casi imposible que una novedad que se publica en una colección de las llamadas de "prescripción" aparezca en esa mesa de novedades y tenga que quedarse camuflada en el lineal? De ahí se pasó a hablar de la necesidad de cruzar la barrera de la invisibilidad a la visibilidad de la LIJ y al famoso ¿para cuándo una sección de LIJ en los periódicos?
Por último, diez flashes -por riguroso orden alfabético- que invitan a la reflexión:
* "Estar en tierra de nadie..." (Victoria Álvarez)
* "Aportar razón y corazón." (Eliacer Cansino)
* "Necesidad de abrir brechas y transgredir" (Maite Carranza)
* "Rutas del alma en los libros" (Xabier P. Docampo)
* "Literatura juvenil, la más sin fronteras de la literatura" (Victoria Fernández)
* "En las librerías La literatura juvenil debería estar con la sección de adultos, no con la de infantil" (David Lozano)
* "Es necesario diversificarse." (Gemma Lienas)
* "Hacer pensar y cambiar" (Jordi Sierra i Fabra)
* "Libros de literatura juvenil, ¿los que leen los jóvenes o los que les mandan leer? (Lorenzo A. Soto)
* "Género híbrido y errático." (Antonio Ventura)
Repito, pueden leerse todas las ponencias en www.mcu.es/libro/MC/EncVerines/index.html
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Literatura juvenil/literatura de adultos
domingo, 16 de septiembre de 2012
Participación en el Congreso de Verines
Los próximos 20 y 21 de septiembre se celebra el XXVIII Encuentro de Escritores y Críticos de las Letras Epañolas en Verines (Asturias). Este congreso de larga trayectoria, pues fue fundado en 1985 por el académico Víctor García de la Concha, se centra este año en la Literatura Juvenil, con un título que seguro que da para debatir: FRONTERAS DE LA LITERATURA JUVENIL. La organización corre a cargo de la Subdirección General de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas; la Dirección General de Política e Industrias Culturales y del Libro; el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, y la Universidad de Salamanca, y está coordinado por Luis García Jambrina, profesor de Literatura Española y escritor. Los participantes, entre los que me encuentro, son los siguientes autores y especialistas: Victoria Álvarez, Eliacer Cansino, Maite Carranza, Xabier P. Docampo, Victoria Fernández, Carlos Fortea, Rosa Huertas, Andrés Ibáñez, Mariasun Landa, Gemma Lienas, David Lozano, Gonzalo Moure, Eva Rubio, Javier Ruescas, Care Santos, Jordi Sierra i Fabra, Lorenzo A. Soto, Michi Strausfeld, Marinella Terzi y Antonio Ventura. Todos los participantes presentan una ponencia y esta se debate a puerta cerrada. Podrán leerse las distintas intervenciones en la web www.mcu.es/libro/MC/EncVerines/index.html
¡Prometo más información a la vuelta!
¡Prometo más información a la vuelta!
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Literatura juvenil/literatura de adultos
jueves, 12 de julio de 2012
En pleno siglo XXI ¿cuál debe ser el papel de un editor?
En el mundo actual, los vaivenes de la vida, la economía de mercado, la crisis, el marketing… han arrollado al editor de tal modo que le han obligado a reciclarse, a transformarse en un empresario forzado a actuar siguiendo por encima de todo los criterios de la cuenta de resultados. ¿Hay otro oficio en el que cultura y economía deban ir tanto de la mano? Probablemente no.
Para los editores “de siempre”, y más en el sector infantil y juvenil, hace unos años editar tenía un componente romántico y educativo importante. Uno se hacía editor para seleccionar y publicar libros de calidad, libros que no se limitaran a entretener sino que, por encima de todo, enseñaran a reflexionar, plantearan preguntas, educaran en valores… moldearan a los niños y los hicieran más personas. El destinatario, el lector estaba muy presente, pero el editor no pretendía únicamente acertar en sus gustos, sino que tenía la firme aspiración –¿algo ingenua, tal vez? Quizá… pero, en todo caso, muy honesta- de ir un paso más allá, tenderle una mano y ayudarle a crecer.
Parece que el paradigma era creer en el oficio, amarlo, buscar libros que no fueran un título más, aspirar a dejar huella. Si se trabajaba así, las ventas vendrían dadas. Probablemente no serían masivas pero permitirían subsistir a esas empresas familiares que creían firmemente en la importancia de su labor.
Sin embargo, en cualquier encuesta que se le haga a cualquiera de los editores actuales, sobre todo si pertenecen a un gran grupo, será “ventas” la palabra que más nombrarán, la que lo dominará todo. No la calidad, no el crear catálogo propio; desde luego, no el crear lectores… Lo fundamental es vender libros, sea como sea y sean como sean esos libros.
Resumiendo: El editor del pasado era arriesgado, pensaba en abrir camino, apostaba por los libros de calidad, los que más le interesaban a él. Obrando así, conseguía lectores fieles a su catálogo. Sus ventas no solían ser masivas, pero como las editoriales eran por lo común pequeñas y con poca infraestructura podía sobrevivir. Y hasta era feliz.
El editor actual –del mundo desarrollado y en crisis permanente, por lo menos-, sobre todo si pertenece a un gran grupo, solo aspira a encontrar libros que se vendan. No pide más…, ni menos. Éxitos fáciles, que arranquen de las mesas de novedades a los libros de la competencia. Esos libros tienen cubiertas vistosas y, en muchos casos, cada vez más, en ellas no aparece siquiera el logo de la editorial. ¿Para qué si ya está desvirtuado? Anda bastante estresado y sufre en ocasiones de dolor de estómago.
¿Y el editor del futuro? Imaginemos que llega por fin el editor ideal: el que busca libros de calidad que se vendan. Todo un reto, y ¿utópico? Probablemente. Pero hermoso, en cualquier caso. Claro que los más pesimistas aseguran que, con la reconversión digital, no habrá editores en el futuro. ¿Un oficio a extinguir? Solo pensarlo produce tristeza…
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